martes, 19 de mayo de 2015

Regreso a casa al ritmo del “perreo”

        Salí de la universidad, era viernes a las 11:30 de la mañana  y me encontraba en la camionetica, con destino a mi casa. Como es costumbre,  preferí el asiento del lado de la ventana, pues me distraía mientras llegaba a mi destino. Al mirar por la ventana iba pensando todas las cosas que tenía pendiente. De repente, mi momento de reflexión tenía banda sonora porque se sentó una chica (por cierto estaba muy bien vestida) que aunque conocía ese maravilloso invento llamado audífono, cantaba como si nadie la estuviese escuchando.   
           
            Mientras trato de concentrarme y volver a mi momento de meditación, escucho una voz un poco desafinada: “Agárrala, pégale, azótala”. “Ponte en cuatro que la cosa se puso buena”. ¡Oh por Dios! Enseguida giro hacia ella. Cuando la observo,  veo que tenía los ojos cerrados, cantando muy inspirada. Haciendo como si no fuese escuchado nada trato nuevamente de voltear hacia la ventana pero era inevitable la distracción.   Fue entonces cuando decidí  escucharla; y analizando cada frase  que entonaba sin ritmo alguno,  como: “Pide que la empuje, que el pelo le desordene...” “Que la encadenen, que a la cama la condenen…”, “Todos quieren probarla, porque dicen que es caliente...” “Ya medio barrio la ha probado, dicen que el novio está trancado…”

         Al tiempo de haber recorrido como un kilómetro aproximadamente, escucho voces de varios pasajeros quienes  rumoreaban críticamente la actitud de la joven cantando. Se acerca mi parada y lamentablemente debía bajarme. Confieso  que quería continuar analizando tal situación, ya que llamó mucho mi atención, así como la de otros pasajeros. 

Mientras caminaba hacia la puerta de mi casa entendí que este género o estilo moderno, contiene un contenido sexual, machista y violento hacia el sexo femenino.  El reggaetón, como ritmo musical está asociado a diversos aspectos negativos como su forma de bailar o “perreo”, y como lo describió anteriormente su contenido es obsceno y ofensivo a la mujer.   Es difícil entender cómo tantos niños y  jóvenes les gusta este tipo de “música” (como algunos los llaman), con letras tan desagradable, que además denigran la dignidad de nosotras las mujeres al colocarnos  como un objeto sexual.

Crónica: Bravo, Andrid 

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