Salí de la universidad, era viernes a las
11:30 de la mañana y me encontraba en la
camionetica, con destino a mi casa. Como es costumbre, preferí el asiento del lado de la ventana,
pues me distraía mientras llegaba a mi destino. Al mirar por la ventana iba
pensando todas las cosas que tenía pendiente. De repente, mi momento de
reflexión tenía banda sonora porque se sentó una chica (por cierto estaba muy
bien vestida) que aunque conocía ese maravilloso invento llamado audífono,
cantaba como si nadie la estuviese escuchando.
Mientras
trato de concentrarme y volver a mi momento de meditación, escucho una voz un
poco desafinada: “Agárrala, pégale, azótala”. “Ponte en cuatro que la cosa se
puso buena”. ¡Oh por Dios! Enseguida giro hacia ella. Cuando la observo, veo que tenía los ojos cerrados, cantando muy
inspirada. Haciendo como si no fuese escuchado nada trato nuevamente de voltear
hacia la ventana pero era inevitable la distracción. Fue entonces
cuando decidí escucharla; y analizando
cada frase que entonaba sin ritmo
alguno, como: “Pide que la empuje, que
el pelo le desordene...” “Que la encadenen, que a la cama la condenen…”, “Todos
quieren probarla, porque dicen que es caliente...” “Ya medio barrio la ha probado,
dicen que el novio está trancado…”
Al tiempo de haber recorrido como un kilómetro aproximadamente, escucho
voces de varios pasajeros quienes rumoreaban críticamente la actitud de la joven cantando. Se acerca mi
parada y lamentablemente debía bajarme. Confieso que quería continuar analizando tal situación,
ya que llamó mucho mi atención, así como la de otros pasajeros.
Mientras caminaba hacia la
puerta de mi casa entendí que este género o estilo moderno, contiene un
contenido sexual, machista y violento hacia el sexo femenino. El reggaetón, como ritmo musical está
asociado a diversos aspectos negativos como su forma de bailar o “perreo”, y
como lo describió anteriormente su contenido es obsceno y ofensivo a la mujer. Es
difícil entender cómo tantos niños y
jóvenes les gusta este tipo de “música” (como algunos los llaman), con
letras tan desagradable, que además denigran la dignidad de nosotras las
mujeres al colocarnos como un objeto
sexual.
Crónica: Bravo, Andrid
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